Coquista del Desierto Clase III Pirato

Estimaciones de población indígena según los años. 1869 (Estimación oficial). 441 0 lanzas y 22. 425 indios. Las tropas del Cacique Coliqueo, que eran aliados a las tropas nacionales no se tienen datos. 1870 (Mansilla) y 1 877 (Levalle). 6560 lanzas y 31000 indios. No se tienen datos exactos de los ranqueles, varía entre 8. 000 y 10. 000 indios. 1875 (Terrera). 4650 lanzas y 17. 240 1878 (Zeballos). 7400 lanzas y 47. 000 OF6 p ropas de Namuncurá (sucesor de Calfulcurá) y del cacique Valentín Sayhueque. No es exacto el número de indios de Namuncurá entre 10. 00 y 12. 000. Aliados al estado argentino. Las parcialidades o tribus que, por lo menos en el último periodo de la Conquista del desierto, combatieron junto a las tropas del estado argentino fueron:36 Tribu del cacique Juan Sacamata, tehuelches septentrionales. En 1906 el gobierno argentino, en reconocimiento a su colaboración, le otorgó un territorio de 4 leguas cuadradas (9320 ha), al norte del lago Musters, en el valle de Sarmiento. Tribu del cacique Manuel Quilchamal, tehuelches K0MaHAa I ecwposawe OKHO Cnpa3Ka Buenos Aires. 2 De esta forma atacaron los pueblos de General Alvear, Veinticinco de Mayo y Nueve de Julio, resultando muertos lrededor de 300 criollos y tomado cautivos 500 blancos y robadas 200 000 cabezas de ganado. Los indios con frecuencia atacaban asentamientos fronterizos, tomaban caballos y ganado, y las mujeres y niños capturados eran tomados cautivos u ofrecidos como esposas a los guerreros. El ganado tomado era comercializado por hacendados chilenos que llegaron a instalar una población sobre el río Neuquén, llamada Malbarco, en donde engordaban la hacienda antes de trasladarla a su país.

Las autoridades chilenas consentían y fomentaban estas actividades. La primera división, al mando del general Roca, partió e Carhué el 29 de abril de 1879 con 1 ,900 soldados y 105 indígenas aliados, y el 24 de mayo entraron en la isla de Choele- Choel. En junio, Roca regresó a Buenos Aires, quedando al mando el coronel Conrado Villegas. La segunda división, al mando del coronel Nicolás Levalle, partió de Carhué con 325 soldados y 125 indígenas aliados pertenecientes al cacique Tripailao. Avanzó hacia Traru- Lauquen en la actual provincia de La Pampa, y enfrentó a Namuncurá.

La tercera división, al mando de Eduardo Racedo, partió de Villa Mercedes hacia Poitahué con 1. 350 hombres, entre los que se ontaban guerreros ranqueles de las tribus aliadas comandadas por los caciques Cuyapán y Simón. Esta división persiguió al cacique Baigorrita, no logrando capturarlo, aunque sí tomó prisioneros a 500 de sus indígenas. La cuarta división, al mando de capturarlo, aunque sí tomó prisioneros a 500 de sus indígenas. La cuarta división, al mando de Napoleón Uriburu, partió desde San Rafael el 21 de abril, rumbo a la confluencia de los ríos Limay y Neuquén.

Esta división dio muerte, en Chos Malal, al cacique ranquel Peyeumán; en el rio Agno tomó prisionero l cacique Painé con 60 de sus guerreros; y finalmente dio muerte al cacique Baigorrita. Estas acciones dejaron un saldo de 1. 000 indígenas muertos, y 700 tomados prisioneros. La quinta división, al mando del teniente coronel Hilario Lagos, partió de Trenque Lauquen, y en Curu-Pichi-Cajuel el teniente coronel Godoy mató al capitanejo Lemumier y su hijo. Esta columna tomó a 629 indígenas como prisioneros. Argumentos que afirman el genocidio.

En el Congreso se hablaba de «exterminar a los indios salvajes y bárbaros de Pampa y Patagonia». Desde el gobierno de Martin Rodríguez en la provincia de Buenos Aires, década de 1820, se hablaba de exterminio. Él ya decía «primero exterminaremos a los nómades y luego a los sedentarios». Ataques a tolderías con mujeres y niños solos en momentos en que los hombres adultos estaban en otras partidas. Campos de detención en las actuales Valcheta, Chichinales, Chimpay y Jurón de los Andes. Algunos cercados por alambre tejido de gran altura.

Traslados por la fuerza de los prisioneros caminando hasta Carmen de Patagones (un puerto en la desembocadura del río Negro), en donde los embarcaban a Martín García (una isla n el Rio de la Plata enfrente de Buenos Aires). Estos traslados podían ser de hasta de 10 3 el Rio de la Plata enfrente de Buenos Aires). Estos traslados podían ser de hasta de 1000 km y exterminaron a miles de personas, ya que se mataba a los que no caminaban. Traslados forzosos de familias a otros sitios dentro del territorio, ocurridos después de la campaña por la «policia de frontera». n segundo campo de detención en la isla Martín García. Allí tuvieron que habilitar dos cementerios especiales en 1879. Separación de las familias. Cambios de nombres, de manera que no se pudiera reconstruir la istoria familiar. La cifra de muertos varía mucho. En la Pampa vivían unos 20 000 a 30 000 indios; más si se les sumaban los de Neuquén, las faldas andinas y la Patagonia alcanzarían las 50 000ó 60 000 almas, al momento de producirse la campaña militar, que según estimaciones no oficiales bien pudo costar unas 20 000 vidas.

Al resto, o se los redujo en reservas, o se los separó de sus familias y culturas. Se debe mencionar que en los censos argentinos de 1895 y 1914 los indígenas de esta región no fueron contabilizados y en cambio fueron estimados en unas 30 000 y 8 425 almas, respectivamente. Argumentos que niegan el genocidio. La cantidad de indios muertos en la Campaña (1 313) en contraposición a la cantidad de prisioneros entregados al Gobierno Nacional ( 10 539 mujeres y niños y 2 320 guerreros) no es compatible con una intención de exterminio. 3 84 La aplicación de conceptos actuales para calificar hechos del pasado es inadecuada, ya que el marco ético y político tenía otras características y estado de ideas, propias de su época. marco ético y politico tenía otras características y estado de ideas, propias de su época. Varias tribus indígenas combatieron aliadas a las tropas del estado argentino, en contra de otras tribus. Varios pueblos originarios de la región se hablan extinguido previamente ya sea por matanzas o conquistas de las tribus de araucanos provenientes de Chile.

Falta de documentación sobre hechos a partir de los cuales se pueda inferir que se trató de genocidio. Además, esta falta no se debe a que se ocultaran algunos hechos ya que a la expedición se incorporaron periodistas, hombres de ciencia y religiosos que escribieron y publicaron lo que vieron. Se pone en duda que las más de 5000 personas que participaron n las campañas hubieran sido todas cómplices de un genocidio ocultando información de este tipo.

Se pone en duda que lo hubiera permitido un humanista como el presidente Nicolás Avellaneda. Buen trato a los indios prisioneros, niños, mujeres y ancianos, quienes fueron examinados por sus dolencias, vacunados, y muchos de ellos remitidos a hospitales de Buenos Aires. Asignación por parte del Estado de grandes resemas de tierra a los indígenas, inclusive a los caciques y tribus del bando derrotado. Aunque fueron cercenadas posteriormente, esto último fue hecho por individuos y no por el estado argentino.

El discurso del 13 de septiembre de 1878 del general Roca ante el Congreso no habló de exterminación sino de «absorción y asimilación» y la ley del 4 de octubre de 1878 del Congreso Nacional que financia la campaña estableció la entrega tierras a 5 octubre de 1 878 del Congreso Nacional que financia la campaña estableció la entrega tierras a los que se sometan y a los indios amigos. El 5 de mayo de 1884 se aceptó la rendición del cacique Manuel Namuncurá («pie de piedra» o «pie azul») y recibió el grado de Coronel de la Nación, como una forma de incorporación de los ndios a la nación Argentina y no como un exterminio.

Los indios guerreros tomados prisioneros durante el avance de Roca se distribuyeron a través del ejército como soldados. A las mujeres y niños indígenas se los entregaban a familias de militares y a gente de bien como sirvientas, institución común en la época. Ambos bandos contaban con fusiles. Los indios compraban fusiles Martini-Henry en Chile y a cambio pagaban con el ganado argentino robado en los malones. Los malones indios sobre los pueblos y la zona rural criolla provocaron devastación entre la población blanca.

El caso del ataque a los pueblos de General Alvear, Veinticinco de Mayo y Nueve de Julio, todos en la Provincia de Buenos Aires, en 1872 fue un claro ejemplo. Las matanzas por parte de los Indígenas perpetuadas sobre los criollos -varones, mujeres y niños- demostraron el grado de crueldad de algunas tribus, a las que —siguiendo idéntico razonamiento— podría aplicárseles también el calificativo de genocidas. El sometimiento a servidumbre o esclavitud y el cambio de nombre de la población blanca que era llevada cautiva a las tolder[as demostró igual razonamiento.