EL MALESTAR EN LA CULTURA

EL MALESTAR EN LA CULTURA gy ceciviglino ctenpanR OS, 2016 8 pagos Antagonismo entre las exigencias pulsionales y las restricciones impuestas por la cultura. El sentimiento de culpa como problema más importante del desarrollo cultural. En muchos seres humanos existe un sentimiento oceánico, y hay que reconducirlo a una fase temprana del sentimiento yoico. El papel del sentimiento oceánico aspiraría a restablecer el narcisismo irrestricto. La vida, como nos es dolores, desengaños. almantes. Los hay d 1 -poderosas distracci miseria. org S»ipe to View clase sa: nos trae harto emos prescindir de uar en poco nuestra -satisfacciones sustitutivas, que la reduzcan. 3-sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas. Los seres humanos, como fin y propósito de su vida, quieren alcanzar la dicha, conseguir la felicidad y mantenerla. Esta aspiración tiene 2 costados, quieren la ausencia de dolor y de displacer; y vivencias intensos sentimientos de placer.

Es el principio de placer el que fija su fin en la vida. Desde 3 lados amenaza el sufrimiento: el cuerpo propio, desde el mundo exterior, desde los vínculos con los otros seres humanos. Una satisfacción irrestricta de todas las necesidades quiere ser dmitida como la regla de vida más tentadora, pero ello significa anteponer el goce a la precaución, lo cual tras breve ejercicio -Una soledad buscada, para evitar las penas que depare la sociedad. Los que procuran influir sobre el propio organismo, como la intoxicaclón (sustancias extrañas que procuran sensaciones placenteras), -Cuando uno se limita a proponerse el gobierno sobre la propia vida pulsional (gobiernan las instancias psíquicas elevadas sometidas al principio de realidad), -Los desplazamientos libidinales (trasladar las metas pulsionales, la sublimación de las pulsiones presta su auxilio), Satisfacción con ilusiones (provienen de la vida de la fantas[a), -El eremista (que vuelva la espalda al mundo, pero pretende recrearlo), -Cuando sitúa la satisfacción en procesos anímicos internos (sitúa el amor en el punto central) -Refugio en la neurosis (le promete satisfacciones sustitutivas) El programa que nos impone el principio de placer, el de ser felices, es irrealizable. Gran parte de la culpa de nuestra miseria la tiene nuestra cultura, seriamos mucho más felices si la resignáramos y volviéramos a encontrarnos en condiciones primitivas. Parece que no nos sentimos bien dentro de nuestra cultura ctual, pero es difícil formarse un juicio acerca de épocas anteriores para saber si los seres humanos se sintieron más felices. «Cultura» designa toda la suma de operaciones y normas que slrven a dos fines: 1. a protección del ser humano frente a la naturaleza. 2. la regulación de los vínculos recíprocos entre los hombres. Reconocemos como culturales, todas las actividades y valores que son útiles para el ser que son útiles para el ser humano. 1 . También admitimos como cultural, que el cuidado de los seres humanos se dirija a cosas que en modo alguno son útiles, y hasta parecen inútiles. Lo inútil es la cultura de la belleza, además los signos de la limpieza y el orden. Otros rasgos de la cultura, la estima y el cuidado dispensados a las actividades psíquicas superiores, las tareas intelectuales y art[sticas, el papel rector atribuido a las ideas. 2.

En cuanto al modo en que se regulan los vínculos recíprocos, son los vínculos sociales. La sustitución del poder del individuo por el de la comunidad es el paso cultural decisivo. El siguiente requisito cultural es la justicia. El resultado debe ser un derecho al que todos hayan contribuido con el sacrificio de las pulsiones. El desarrollo cultural se caracteriza por las alteraciones que emprende con las disposiciones pulsionales de los seres humanos. -Algunas de esas pulsiones son consumidas, en su reemplazo emerge una propiedad de carácter. -Otras pulsiones son movidas a desplazar las condiciones de su satisfacción. La sublimación posibilita que actividades superiores desempeñen un papel sustantivo en la vida cultural. Otro caso, donde la cultura se edifica sobre la renuncia de lo pulsional, en la no satisfacción mediante sofocación, represión. IV La cultura tiene la tendencia a limitar la vida sexual y a ampliar su irculo. Se ve precisada a sustraer de la sexualidad un gran monto de energía psíquica 31_1f8 ampliar su círculo. Se ve precisada a sustraer de la sexualidad un gran monto de energía psíquica que ella misma gasta. La cultura de nuestros días sólo permitirá las relaciones sexuales sobre la base de una ligazón definitiva e indisoluble entre un hombre y una mujer, que no quiere la sexualidad como fuente autónoma de placer y esté dispuesta a tolerar solamente como la fuente para la reproducción.

Es este un cuadro extremo que ha demostrado ser irrealizable. La vida sexual del hombre culto ha recibido grave daño, ha experimentado un retroceso en cuanto su valor como fuente de sensaciones de felicidad. La cultura exige otros sacrificios además de la satisfacción sexual. En el ser humano es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. Esa agresión cruel aguarda una provocación, o sirve a un propósito diverso cuya meta también habría podido alcanzarse con métodos más benignos. Esta inclinación agresiva es el factor que perturba nuestros vínculos con el prójimo y que compele a la cultura a realizar su asto de energía.

A raíz de esta hostilidad, la sociedad culta se encuentra bajo una permanente amenaza de disolución. Las pasiones que vienen de lo pulsional son más fuertes que unos intereses racionales. La cultura tiene que movilizarlo todo para poner límites a las pulsiones agresivas. De ahí el recurso de métodos orientados hacia identificaciones y vínculos amorosos de meta inhibida, de ahí la limitación de la vida sexual y el mandamiento ideal de amar al prójimo como a sí ahí la limitación de la vida sexual y el mandamiento ideal de amar al prójimo como a sí mismo. No es fácil para los seres humanos renunciar a satisfacer esta inclinación agresiva.

Puesto que la cultura impone tantos sacrificios no solo a la sexualidad, sino a la inclinación agresiva, se comprende mejor que los hombres difícilmente se sientan dichosos dentro de ella. Al hombre primordial le iba mejor, pues no conocía limitación pulsional alguna. El hombre culto ha cambiado un trozo de posibilidad de dicha por un trozo de seguridad. La inclinación agresiva es una disposición pulsional autónoma, originaria, del ser humano. La cultura encuentra en ella su bstáculo más poderoso. Esa pulsión de agresión es el retoño y el principal subrogado de la pulsión de muerte. La satisfacción de la pulsión de muerte se enlaza con un extraordinario goce narcisista. VII De los medios que se vale la cultura para inhibir o erradicar la agresión hemos nombrado unos, pero no de lo más importantes.

La agresión es interiorizada, pero en verdad reenviada a su punto de partida, vuelta hacia el yo propio. Ahí es acogida por una parte del yo que se contrapone al resto como superyo y entonces, como conciencia moral, está pronta de ejercer contra el yo la isma severidad agresiva que el yo habría satisfecho en otros indlviduos ajenos a él. Llamamos conciencia de culpa a la tensión entre el superyó que se ha vuelto severo y el yo que le esté sometido. Se exterioriza como necesidad de castigo. La cultura yugula el peligroso gusto agres está sometido. Se exterioriza como necesidad de castigo. La cultura yugula el peligroso gusto agresivo del individuo debilitándolo y vigilándolo mediante una instancia situada en su intenor. diversos orígenes del sentimiento de culpa: -la angustia frente a la autoridad externa, y más tarde -la angustia frente al superyó. La primera compele a renunciar a satisfacciones pulsionales, la segunda esfuerza además, a la punición. Se puede comprender la severidad del superyó como la continuación de la severidad de la autoridad externa. La renuncia de lo pulslonal es la consecuencia de la angustia frente a la autoridad externa, se renuncia para no perder su amor. En la angustia frente al superyó, la renuncia de lo pulsional no es suficiente, pues el deseo persiste y no puede esconderse ante el superyó. La desdicha que amenazaba desde afuera, se ha trocado en una desdicha interior permanente, la tensión de la conciencia de culpa.

Hay igualacion entre mala acción y propósito malo, de ahi la conciencia de culpa, necesidad de castigo. Al comienzo, la conciencia de angustia es la causa de la renuncia de lo pulsional, pero esa relación se invierte después. Cada renuncia de los pulsional deviene ahora una fuente dinámica de la conciencia moral, cada nueva renuncia aumenta su severidad. La renuncia de lo pulsional crea la conciencia moral que después reclama más y más renuncias. La severidad de la educación ejerce fuerte influjo sobre la formación del superyó infantil. En la formación del superyó y en la génesls de I nflujo sobre la formación del superyó infantil.

En la formación del superyó y en la génesis de la conciencia moral cooperan factores constitucionales congénitos, así como influencias del medio. Hay participación del amor en la génesis de la conciencia moral y el carácter fatal e inevitable del sentimiento de culpa. El sentimiento de culpa es la expresión del conflicto de ambivalencia. El sentimiento de culpa como el problema más importante del desarrollo cultural, y el precio del progreso cultural debe pagarse con el déficit de dicha provocado por la elevación del sentimiento e culpa. La conciencia de culpa producida por la cultura o permanece en gran parte inconciente, o sale a la luz como un malestar, un descontento para el cual se buscan otras motivaciones.

En el superyó, la conciencia moral es una función que se le atribuye junto a otras: la de vigilar y enjuiciar las acciones del yo. El sentimiento de culpa, la dureza del superyó, es lo mismo que la severidad de la conciencia moral; es la percepción, deparada al yo, de ser vigilado de esa manera, la apreciación de la tensión entre sus aspiraciones y los reclamos del superyó. La necesidad de castigo, es una exteriorización pulsional del yo que devenido masoquista bajo el influjo del superyó sádico. No debiera hablarse de conciencia moral antes de la presencia de un superyó, en cuanto a la conciencia de culpa existe antes que el superyo.

El desarrollo individual apa n producto de la interferencia entre 2 aspira individual aparece como un producto de la interferencia entre 2 aspiraciones: -el afán por alcanzar la dicha, que llamamos egoísta. -el reunirse con los emás en la comunidad, que llamamos altruista. En el desarrollo individual el acento cae sobre la aspiración goísta o de dicha. En el proceso cultural, lo principal es producir una unidad a partir de los individuos. La meta de la felicidad ha sido esforzada al trasfondo. Así, las dos aspiraciones, de dicha individual y de acoplamiento a la comunidad, tienen que luchar entre sí en cada individuo. Y los dos procesos, el desarrollo del individuo y el de la cultura entablan hostilidades recíprocas y se disputan el terreno. También la comunidad plasma un superyó, bajo cuyo influjo se consuma el desarrollo cultural.

Tiene un origen semejante al del individuo: reposa en la mpresión que han dejado tras sí grandes personalidades conductoras, hombres de fuerza espiritual avallasadora. El superyó de la cultura plantea severas exigencias ideales cuyo incumplimiento es castigado mediante una angustia de conciencia moral. Este superyó ha plasmado sus ideales y plantea sus reclamos, entre estos, la ética. Las objeciones a los reclamos éticos del superyó de la cultura corresponden a que proclama un mandamiento y no pregunta si podrán obedecerlo. Supone que al yo le es posible todo lo que se le ordene, pues tendría un gobierno irrestricto sobre su ello, ese es un error. 81_1f8