Hipolito De Euripides Una Vision Politica De La Realidad

Schamun, Maria Cecilia Hipólito de Eurípides: una visión política de la alteridad Synthesis 2004, vol. 11, p. 91- 100. Este documento está disponible para su consulta y descarga en Memoria Académica, el repositorio institucional de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, que procura la reunión, el registro, la difusión y la preservación de la inédita de los miembros de información, visite el sitio 0 p co adémica édita e . Para más ww. w. memoria. ahce. unlp. edu. ar Esta iniciativa está a cargo de BIBHUMA, la Biblioteca de la Facultad, ue lleva adelante las tareas de gestión y coordinación para la concreción de los objetivos planteados. para más información, www. bibhuma. fahce. unlp. edu. ar Cita sugerida: Schamun, M (2004) Hipólito de Eurípides : una visión política de la alteridad. [En línea] Synthesis, 11. Disponible en: http://vwM. fuentesmemoria. fahce. unlp. edu. ar/art_revistas/pr. 37 ,’pr. 37 . pdf Licenciamiento California 94305, USA.

HIPÓLITO DE EURÍPIDES : UNA VISIÓN POLÍTICA DE LA ALTERIDAD Maria Cecilia Schamun Universidad Nacional de La Plata RESUMEN La diferencia cultural más significativa que los griegos percibieron ntre ellos mismos y los «otros» se verificó en la politeaa, literalmente, «la vida de la pôIiW’. Si el hombre es un «animal político», el êpoliw por naturaleza resulta o bien menos o bien más que un hombre: o una bestia o un dios. En Hipólito de Eurípides, el héroe trágico elige ubicarse fuera de las normas familiares y de las responsabilidades políticas de la vida civilizada, entablando una relación marginal con la põliw.

Como virgen y cazador es incivilizado. El presente trabajo se propone transitar el itinerario trágico recorrido por Hipólito personaje, en su deseo de permanecer en la esfera de Artemisa in franquear la frontera que separa salvajismo de civilización, alteridad de mismidad, de modo de reconstruir e interpretar el discurso cívico que sustenta la tragedia. ABSTRACT The most significant cultural difference that Greeks perceived between themselves and the «others» was verified in the politeaa, literally, «the life of the pôliw».

If the man is a «political animal», the êpoliw by nature is less or more than a man: a beast or a god. 20 n Euripides’ Hippolvtus, th chooses to be outside relationship with the pôliw. As virgin and hunter he is uncivil. The present paper intends to observe Hippolytus’ tragic itinerary, n his desire of remaining In the Artemis’ world without passing through the frontier that separates civilization from savagery, sameness from otherness, in order to reconstruct and interpret the civic speech that sustains the tragedy. PALABRAS CLAVE: Tragedia. Eurípides. Hipólito. êpoliw. KEY WORDS: Tragedy. Euripides. Hippolytus. êpoliw.

Los grupos sociales frecuentemente aseguran su cohesión destacando las diferencias entre ellos mismos y los «otros». Las situaciones históricas particulares condicionan el enfoque y la importancia que se otorga a tales distinciones. Mientras se socia la cultura clásica, primariamente, con el énfasis en la ciudadanía, en ser miembro Synthesis- 2004- Volumen 11 de una pôliw, la literatura griega clásica también asigna considerable importancia a definir una identidad griega común y crear la figura del «otro» en contraste. En su esfuerzo por comprender y precisar la alteridad, los griegos acabaron por delinear su propio perfil.

Todo aquello clasificado en la categoría de «lo diferente», construida en relación con el modelo del ciudadano adulto, y cuyas imágenes aparecían siempre deformadas, se tratara del bárbaro, el e aniero, el ioven o la percibieron entre ellos ismos y los «otros» se verificó en la politena, literalmente, «la vida de la pOliw». 1 Si el hombre es un animal político o civil, el êpoliw por naturaleza resulta o bien menos o bien más que un hombre (Política l, 1253a 2-8); quien no puede vivir en comunidad no forma parte en absoluto de la ciudad y, por consiguiente, resulta ser una bestia o un dios (Política l, 1253a 25 32).

Ya Platón había expresado la tesis de que ningún hombre es individualmente suficiente (República II, 368 b). Aristóteles insistirá en esta incapacidad del individuo para realizarse aisladamente; pues sólo en sociedad puede el ombre practicar su éretk y lograr su eÊdaimonna. Al margen de la sociedad quedan sólo los dioses y las bestias, y el hombre salvaje puede ser más feroz que las mismas fieras (Politica l, 1253a 32-36).

Además de ser un «animal CIVico», el hombre es el único entre los animales que tiene IOgow Cl(Política l, 1253a 10-11), es decir, pensamiento racional, lenguaje, palabra con sentido, discurso comunicable. El IÔgow permite demostrar lo conveniente y lo perjudicial, lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto (Política l, 1253a 14-21). ASÍ, sobre la base de este marco aristotélico de la comunicación como undadora de sentidos, sólo el hombre en sociedad puede habitar el universo simbólico que es su mundo peculiar. 2 En Hipólit03 de Eurípides, producida en el año 428 a.

C. , el héroe trágico elige ubicarse fuera de las nor políticas de la vida y de las responsabilidades 4 20 fuera de las normas familiares y de las responsabilidades políticas de la vida civilizada, entablando una relación marginal con la pOliw. Como virgen y cazador, Hipólito es incivilizado. En el Prólogo de la tragedia (vv. 1-120), la diosa Afrodita establece la causa del castigo que recibirá Hipólito: su culto exclusivo de Artemisa. La ¿martna del hijo de Synthesis- 2004- Volumen 1 1 2 Teseo es despreciar a Afrodita (v. 1 siendo que los dioses se complacen en ser honrados por los hombres (v. 9). Aunque los ideales de vida del joven son dignos de elogio, implican un riesgo,4 ya que lo ubican en la frontera del espacio c[vico. Todo aquello que es mejor en él trabaja para su destrucción. La nobleza de tu corazón te destruyó, como afirma Artemisa en el verso 1390. Cuando Artemisa le revela que la diosa que causó su ruina fue Afrodita (v. 1400), la reacción de Hipólito no es el reconocimiento arrepentido de la falta, sino sólo a manifestación de su comprensión del hecho objetivo (v. 401). Como exclusivo devoto de Artemisa, era esperable que Hipólito incurriera en la envidia de la diosa rival (vv. 102 ss. , 113). Dicho recelo no sería una prueba para él de que su vida estaba desequilibrada o mal orientada, sino únicamente la confirmación de la sinceridad de su s 0 veneración a su propia dio sta de Artemisa confirma Como establece Segal, lo que resulta trágico es el complejo que surge de conjugar la envidia divina, la preocupación por timR y el hecho de que el estilo de vida de Hipólito deba necesariamente entrar en conflicto con ello.

Para comprender la ¿martaa de Hipólito, que él nunca alcanza a colegir ni reconocer, es necesario concentrar la atención en la naturaleza y las funciones de la diosa Artemisa, objeto único de su culto. 6 Artemisa es la diosa del mundo salvaje en todos los planos: las bestias, las plantas, las tierras no cultivadas y, también, los jóvenes, en la medida que no se han civilizado n integrado en la sociedad. Por otra parte, es la diosa de la fecundidad, que hace crecer a los animales, los vegetales y los seres humanos.

Los espacios frecuentados por Artemisa son los confines, las zonas limítrofes, las fronteras donde se stablece contacto con el «Otro», donde se codean lo salvaje y lo cultivado, para oponerse y para interpenetrarse. 7 En la frontera de dos mundos, señalando sus límites y asegurando con su presencia su justa articulación, Artemisa preside la caza. Al perseguir a las bestias para matarlas, el cazador se introduce en el dominio de lo salvaje. Si el cazador franquea ciertos límites, corre el riesgo de caer en el salvajismo.

Sin embargo, para el joven, la caza es un elemento esencial de la educación, de la paidena que lo integra en la ciudad. En el linde del salvajismo con la civilización, dicho arte introduce al dolescente en el mundo 6 20 las bestias feroces. Pero la civilización, dicho arte introduce al adolescente en el mundo de las bestias feroces. pero la caza se practica en grupo, con una disciplina, normas synthesis- 2004- volumen 11 3 estrictas, obligaciones y prohibiciones. Sólo cuando viola esas normas sociales y religiosas, el cazador se aparta de lo humano y se vuelve salvaje como los animales a los cuales se enfrenta.

Artemisa legitima la intangibilidad de una frontera cuya fragilidad extrema es puesta de manifiesto por la caza, en la medida que la cuestiona en todo momento. Artemisa, además, es la nodriza por excelencia. Guía a los hijos de los hombres hasta el umbral de la adolescencia, que ellos, al abandonar la infancia, franquean con su beneplácito y su ayuda a fin de acceder mediante los ritos de iniciación presididos por ella a la sociabilidad plena: la joven asume la situación de esposa y madre; el efebo, la de ciudadano-soldado.

Para alcanzar la identidad social se debe equiparar el modelo, de modo de dejar la posición liminar, incierta y equívoca, donde las fronteras que separan a los niños de las niñas, los jóvenes de los adultos, las bestias de los hombres, aún no están cristalizadas. Como ya lo afirmara Vernant, el mundo de Artemisa no está encerrado en si mismo ni se aferra a la alteridad. 8 Los ritos de pasaje, en una correcta articulación, conducen a lo de la marginación a su 7 20 inserción en el espacio ni se borren las fronteras que los separan.

El movimiento se ejerce desde los confines al centro, desde la diferencia a la similitud, desde el «Otro» al «Mismo», desde el «Otro» como componente del «Mismo», como condición de la propia identidad. Hipólito no consuma el pasaje y decide permanecer en el territorio de la alteridad. Tal anomalía está vedada para los seres humanos y persistir en lla tiene su costo. Como señala De Cuenca, «La castidad de Hipólito obedece a una patología: el rechazo del acto de violencia cometido por Teseo al violar a la Amazona». Esto explica su excesiva valoración de la castidad y su identificación con el mundo de su madre. Sin embargo, esta aspiración que violenta, en principio, la base física y social de la condición humana exige una elección que conlleva implicaciones trágicas, en cuanto que establece el rechazo de elementos Inevitables de la existencia, en este caso, el aspecto de la vida simbolizado por Afrodita. El distanciamiento y la unilateralidad eterminan la ignorancia de la verdadera templanza o svfrosÊnh. No obstante, el joven no logra darse cuenta de su equívoco, ni siquiera ante su inminente muerte.

Cuando el coro traslada su cuerpo lacerado, aún se reconoce a sí mismo como I semnàw, yeos0ptvr y I svfrosÊn• pãntaw Ípersxon (vv. 1364-1365), es decir, el venerable, devoto de 4 cuestiona su calidad de eêsebkw (vv. 1367-1369), ni de genna»ow (w. 1452-1455). 10 El ritual que resultó pervertido a causa de la permanencia en un estado de vida centrado en la piedad, la pureza de cuerpo y mente y el culto exclusivo de Artemisa, ebe ser restaurado. Como expresa Segal, el ritual desvirtuado «indica en sí mismo la destrucción de las mediaciones entre dios y bestia, que las formas de vida civilizada aseguran». 1 En efecto, «la civilización separa al hombre de la vida salvaje y lo posiciona en una relación subordinada, pero propicia, con los dioses». 12 No obstante, el héroe trágico padece una existencia dividida en extremos opuestos. En el caso de Hipólito, aunque no ha cometido acciones bestiales como el incesto, el matricidio o el parricidio, «aspira a una forma de poder o autonomía semejante a la de los dioses» 13. Afrodita, en el verso 19 del Prólogo, lo sugiere al decir: meazv brotenaw prospesAn Imilzaw. e modo que ha caído en compañía de una sociedad más grande que lo que corresponde a un mortal. El desequilibrio de la vida de Hipólito es corregido post mortem y por Inversión irónica con la concesión de timáw megastaw (v. 1424) en la ciudad de Trecén. Tales honores le serán otorgados al hijo de Teseo por doncellas próximas a casarse, quienes le dedicarán ofrendas de sus cabellos, en su pasaje del mundo de Artemisa al de Afrodita (vv. 1425-1427). Quien murió por su castidad será celebrado con onores en los ritos matrimoniales. Los cantos mortalizarán el amor de matrimoniales.

Los cantos de los ritos inmortalizarán el amor de Fedra por Hipólito (w. 1428-1430). La fama del héroe será fijada por siempre a través del recuerdo de la pasión de una mujer, antes que por su pureza divina. Como observa Segal, «el acto ritual aquí, como en las tragedias en general, perpetúa pero no disipa las contradicciones en las relaciones del héroe con los órdenes divino y social». 14 En efecto, la tragedia refleja la ambigüedad en la yuxtaposición de los pares antitéticos, virginidad y matrimonio, bestia hombre, bosque y ciudad.

En Hipólito, dichas contradicciones conviven y lo colocan en una situación medial, allí donde se cruzan los opuestos. Así, el joven resulta, dentro del mundo humano, el representante de algunas de sus más nobles virtudes; pero, fuera de él, se transforma en una amenaza, una fuente de conflicto y desorden. Anteriormente, se señaló que las aspiraciones de vida de Hipólito, implican un riesgo, porque lo sitúan en la frontera del espacio c[vico. Aquello que amenaza su 5 integridad personal, tam a integridad de la pOliw. 0 DF 20 Hipólito es, entonces,