Llanganates tesoro de atahualpa

Llanganates o Llanganati, el tesoro y el Inca, todo, pero todo, místico.. Intro Esta historia tiene mucho de leyenda, y de magia también. Llanganates o Llanganati es el nombre de un extenso espacio en la serranía del Ecuador, mitad páramo mitad selva, sobre los cuatro mil metros de altura, donde la historia y decenas de exploradores aseguran que está escondido el tesoro de Atahualpa, el último emperador Inca. No existe un mapa que alcance a detallar su geografía con exactitud, lo que sí sabemos es que está formado por decenas de montes y pantanos, uno sobre otro, como la jungla, pero na muy fría.

Además normalmente una es esa neblina oculta Svipe nextp to nut su magnitud, tiene a si alguien decide expl OF24 saber es que por m á xoeri que tenga, andar po pesadilla. anas enteras, y mero que debe ero y expedicionario e convertir en una La única vez que estuve ahí, fue hace un par de años, y solamente en las afueras. Desde muy pequeño, la reputación de este páramo estuvo presente entre mis conocidos como un lugar agresivo, peligroso, y lleno de misterios. En julio del 2011, junto a dos amigos bordeamos la entrada norte de los Llanganatis en la comodidad de un carro.

No pude dejar e sorprenderme con su extensión, su humedad, su neblina, y su repentino descenso hacia la Amazonía. Supuestamente, en este declive se encuentran ocultas miles de joyas K0MaHAa I ecwposawe OKHO Cnpa3Ka incas, fundidas en oro con piedras preciosas, en formas de soles, jaguares, dioses, y por consiguiente, demonios. Alhajas más valiosas por su historia que por su peso. «Los porteadores de Pillaro nos dijeron que ahí han visto extraterrestres» me chismoseó ayer Mateo, un primo de treinta y-no-sé-cuántos- años que vivió la inmersión a esos páramos durante noviembre del 2011.

Y como su recado, en el mundo tienen que haber miles. El día que rodeé a los Llangantis, sin embargo, aún no había leído la entrevista que Ileana Matamoros hace a Andrés Fernández Salvador en la revista Diners publicada de octubre del año pasado. Mientras devoraba esta valiosa obra periodística descubri que la reputación de aquel sitio no era una simple quimera fantasiosa. Sino que decenas de hombres, en su mayoría extranjeros (gringos, suecos, alemanes, etc. , habían dedicado sino sus vidas enteras, parte de ellas a la búsqueda del tesoro de Atahualpa. Andrés cuenta sus múltiples inmersiones a los Llanganatis durante sesenta y un años de su vida, y a pesar que en la ctualidad supera los ochenta años, asegura que si tuviera la oportunidad de entrar una vez más, encontraría la fortuna, la cual, supuestamente se encuentra dentro de un socavón gigante. Ahí empezó a entrarme este misterio, más que por el tesoro, por las historias que han transcurrido motivadas en la búsqueda.

Luego leí «Llanganati» de Jorge Anhalzer, donde el expedicionario ecuatoriano narra la historia de manera muy detallada, y como un efecto consiguiente, no pude evitar morirme de las ganas de a 24 historia de manera muy detallada, y como un efecto consiguiente, no pude evitar morirme de las ganas de aventurarme en sus áramos durante una semana o más, con el objetivo de vivir aquel misterio. Lamentablemente, por falta de tiempo y de recursos, pero más tiempo que nada, esa expedición queda pendiente. Al realizarla, sin embargo, esperaré poder contar la experiencia y publicar algunas fotos en este medio.

Por ahora, el objetivo de este post y los consiguientes será contar la historia del tesoro de Atahualpa, y tal vez contagiar la sensación de fantasía y realidad que esto conlleva, o que al menos, me produjo a mí. La captura de un Emperador Francisco Pizarro, uno de los más ambiciosos conquistadores rocedentes de España, junto a un ejército de ciento sesenta y cuatro soldados y veinte fusiles, partió una mañana de San Miguel de Tangarará hacia Cajamarca, en la frontera actual de Perú con Ecuador.

Su intención, no era solamente armarse de una colonia más, sino del Imperio Inca entero. Los informantes le habían notificado, que Atahualpa, el nuevo numero uno de los Incas se encontraba de descanso en aquella civilización. Atahualpa, muy ingenuo, pensó que era Pizarro era una visita, y lo trató como se merecía, cosa que no incluía el honor de entrar a los aposentos del Emperador. Incluso, Pizarro se instaló en na posada dónde aguardó a que Atahualpa se dignara en verlo. Algún tiempo después, Pizarro describiría lo que era el Palacio de Atahualpa por dentro. Esta es la tierra principal de este contorno- dice el español-, p 24 «Esta es la tierra principal de este contorno- dice el español-, puesta al pie de una montaña, en un valle rodeado de colinas, cerca de dos bellísimos ríos, cada uno con su puente… hay cerca de dos mil casas, bien distribuidas por dentro y con bellísimas fuentes. En medio está la plaza, y a uno de los lados, el Palacio del señor Atahualpa (Palacio de los Baños), mucho mayor que odos las otras edificaciones, con jardines y magníficos portales, donde él está todo el día.

Sus habitaciones son todas pintadas de diversos colores, y entre otras, una del color rojo como el bermellón. En uno de los pórticos hay dos grandes fuentes, adornadas con planchas de oro; y en una de ellas entra por un cañón el agua hirviendo y por otro la fría, conducidas ambas de la vecina montaña». Sin embargo, de igual manera, por más cómodo que estuviera, su ambición tenía otros objetivos completamente distintos. Pizarro fracasó con la estratega de pasarse como enviado del más grande monarca del mundo», el rey de España. or eso, decidió mandar a su hermano Fernando a presentarse ante Atahualpa como descendiente de Viracocha, el dios del que Atahualpa era devoto. El Inca, en vista de tan maravillosa sorpresa, dispuso que se les sirviera un banquete acompañado de una bebida deliciosa, añejada con sus más finos licores, y además, de manos de dos princesas. Sin embargo, lo que a los españoles más asombró, fueron, por supuesto, los vasos en que se servía la bebida, todos de oro.

Sin aguardar un minuto más, Fernando se levantó, y pidiendo 4 24 servía la bebida, todos de oro. udiencia declaró que el motivo de su estancia en Cajamarca era hacerles saber que todos debían someterse a Carlos Vy al Papa. Pero Atahualpa no aceptó. ASÍ que el 16 de noviembre de 1 532, luego de que Fernando informara a su hermano Francisco sobre los hechos en el Palacio de los Baños, decidieron armar una estrategia de captura a Atahualpa, justo en el dia en que el Inca se preparaba para reunirse con Francisco.

Atahualpa formó una caravana de cuatro mil personas para trasladarlo al encuentro con Pizarro. Al llegar a la plaza del sitio donde se hospedaba Pizarro apareció un lacayo español de ombre Vicente Valverde, quien, mediante un traductor apodado Filipillo, transmitió el mensaje a Atahualpa sobre la importancia de someterse a Carlos V y ceder su mayor bien. Para esto, Atahualpa le respondió que quisiera reunirse con Carlos V antes de tomar cualquier decisión, y Valverde le pasó la Biblia. Aquí está reunida toda la sabiduría- le advirtió a Atahualpa mientras se la entregaba por medio de un emisario. Atahualpa, Sin embargo, pasó las páginas sin percibir ningún tipo de magia, luego lo olió, y finalmente, cansado de no sentir nada, la lanzó al piso, harto. – ! AI arma! !AI arma! empezó a gritar Valverde- venganza Cristianos, que este perro desprecia la Ley de Jesucristo. Y las balas empezaron a derribar incas, que al no tener ninguna orden de ataque de Atahualpa, solamente se protegían y huían.

Mientras tanto, Pizarro se adelantó hacia s 4 de ataque de Atahualpa, solamente se protegían y huían. Mientras tanto, Pizarro se adelantó hacia el lujoso trono del Emperador y solamente llevándose un corte en el hombro por un inca desesperado, capturó a Atahualpa agarrándolo del brazo, y venga abajo, negrito. «Jamás se vio en el mundo- dice un cronista español-, acción que ostase menos trabajo, ni que produjese igual ventura, que la prisión de Atahualpa, siendo la que puso en manos de Pizarro las suspiradas riquezas del Imperio del Perú…

Después del saqueo de la ciudad, del Palacio y los almacenes, llenos de infinitas providencias de víveres y vestuarios, pasaron al del campo de los Baños, donde habiendo desaparecido fugitivas las tropas que allí estaban acuarteladas, quedaron solamente cinco mil mujeres para la diversión y el desahogo de los triunfantes soldados. » Al Emperador Inca se lo encerró en un cuarto atado a una pesada cadena. Se dio cuenta Atahualpa que lo que más les atraía a stos extraños humanos era el oro, y él tenia oro con abundancia. or eso, a la primera oportunidad, mediante Filipillo, el traductor, les hizo una propuesta. -Si me prometen la libertad y el reponerme sobre el trono, les daré tantas piezas labradas de oro y plata cuantas sean necesarias para cubrir enteramente el pavimento de esta sala en que estoy preso- tentó el Emperador. ncrédulos, los españoles torcieron el rostro, e incluso hubo algunos que rieron. -No solo puedo darles eso- les interrumpió el Inca- sino, cuanto baste para llenar la sala hasta la altura que alcanza mi brazo. Aquí hay 6 24 l Inca- Sino, cuanto baste para llenar la sala hasta la altura que alcanza mi brazo. (Aquí hay algunos autores que afirman que la promesa fue de dos cuartos llenos de plata y uno de oro) Los españoles aceptaron la oferta, y para librarse de cualquier injusticia, trazaron una linea roja a lo largo y ancho de toda la habitación, justo a la altura del brazo del Inca. Atahualpa, sin embargo, puso dos condiciones.

La primera, que no se fundan las piezas mientras no se llene la medida con las Joyas, y la segunda, que tuvieran paciencia porque los tesoros tendrían que venir de distintos sectores del Imperio, principalmente desde Quito y Cuzco. Las riquezas empezaron a llegar pero las de Quito fueron escasas, pues el soldado Rumiñahui se negaba a enviar los tesoros de esa provincia. Los cuartos no terminaban de llenarse, y a los españoles les parecía muy poco, entonces empezaron a perder la paciencia.

La noche del 14 de Agosto de 1533 el Emperador de los Incas, Atahualpa, supo que iba a morir dentro de quince días cuando apareció en el cielo una extraordinaria señal de color verde. Era una gruesa línea que cortaba una parte del firmamento. Al retornar a su celda algo habla cambiado para siempre en él, toda esperanza había muerto. Se sumergió en la melancolía, a abiendas de que su muerte estaba demasiado próxima. Los españoles que cuidaban de él notaron el cambio, y no pudieron evitar qué le sucedia.

Quince días antes de la muerte mi padre apareció la misma señal en el cielo de Quito- aceptó Atahualpa. Efectivamente, quince días después 7 24 padre apareció la misma señal en el cielo de Quito- aceptó Efectivamente, quince días después de aquella mística noche, Atahualpa falleció bajo las órdenes de Francisco Pizarro, quien había llegado al colmo de la Impaciencia, y además, Filipillo, el traductor, le había asegurado que en el resto del Imperio se staban organizando ejércitos para liberar a su Emperador, cosa que sacó de casillas al español.

Rumiñahui, uno de los soldados más fuertes pero también más cuestionados por la historia, al enterarse de la toma del Cuzco por parte de Pizarro, y de la marcha del capitán Sebastián de Benalcázar para tomarse Quito, en un acto desesperado y hasta prudente, mandó a recoger todos los tesoros más valiosos de Quito y sus alrededores (actual Ecuador) y los ocultó en el sector que creyó como el más conveniente, el de más difícil acceso, los Llanganatis.

Supuestamente están ocultos en un socavón, que comparado nte los cuartos llenos de oro que solicitó Pizarro, estos tendrían la dimensión de un grano de maíz frente a un galpón repleto del cereal, que vendría a ser el socavón. El Derrotero de Valverde Cuando los españoles ya estaban asentados en el Ecuador, uno de sus soldados se enamoró de una princesa indígena, hija de un cacique de Píllaro. El soldado, de pronto, empezó a tener una enorme cantidad de riquezas.

Valverde se había ganado el cariño y la confianza de su suegro, quien un día decidió llevarlo a ver dónde estaba oculto el tesoro, y ahí las razones de su repentina riqueza. En su lecho de muerte, el soldado redact esoro, y ahi las razones de su repentina riqueza. En su lecho de muerte, el soldado redactó las indicaciones de cómo encontrar el tesoro, y esa letras se convirtieron en el documento principal que hasta ahora utilizan los exploradores para buscar el tesoro. Al escrito se lo conoce como el Derrotero de Valverde. na copia del Derrotero de Valverde lo encontró, algunas decenas de años después, el botánico inglés Richard Spruce, en la población de Baños. Spruce trabajaba en una investigación enfocada en la cura de la malaria para Alfred Russell Wallace, el conocido científico de quien se dice, desarrolló la teoría de la volución a la par de Charles Darwin. Esta copia pudo haber sido modificada de la original, incluso tergiversada. De la primera copla, según Anhalzer, «desapareció veinte años antes de los archivos de Latacunga».

Sin embargo, lo que queda de ella, es la traducción del inglés, pues Spruce la había traducido a este idioma por motivos de comodidad. ¿Cuántas transformaciones puede haber tenido este texto? , eso es algo que aparentemente, nadie lo sabrá. En su libro, «Llanganati», Anhalzer traduce el documento que casi todos los exploradores usan para la búsqueda. La fecha del escrito es del 14 de agosto de 1827. A continuación, transcribo literalmente el Derrotero de Valverde: » Situado en el pueblo de Píllaro pregunta por la Hacienda la Moya, y duerme la primera noche a buena distancia de ella; pregunta allí por la montaña de Guapa.

Desde cuya cima, si el día fuese despejado, mirarás hacia el Este, de modo que la espal Guapa. Desde cuya cima, si el día fuese despejado, mirarás hacia el Este, de modo que la espalda quede hacia la ciudad de Ambato, y desde allí podrás divisar los tres cerros Llanganati, en la forma de un triángulo, en cuyos declives hay un lago, hecho por la mano del hombre, dentro del cual los antiguos arrojaron el oro ue había preparado para el rescate del Inca, cuando supieron de su muerte.

Desde el mismo Cerro Guapa, también podrás ver la selva, y en ella un manchón de Sangurimas que sobresalen de la dicha selva, y otro manchón que llaman «flechas», y esos manchones serán la marca principal por la cual te guiarás, dejándolas un poquito a mano izquierda». Ve adelante desde Guapa en la dirección y según las señales indicadas, y después de que hayas avanzado un buen trecho, y habiendo pasado algunas haciendas de ganado, te encontrarás al borde de un dilatado pantano, sobre el cual tendrás que cruzar, y aliendo al otro lado, verás a mano izquierda un pequeño camino fuera de un juncal sobre una ladera, por el cual tendrás que pasar.

Habiendo salido del juncal, verás dos pequeñas lagunas llamadas ‘los anteojos’, por tener entre ellas una punta de tierra como una nariz’. «Desde este lugar, podrás otra vez divisar los cerros Llanganatis, lo mismo que los viste desde la cima de Guapa, y te advierto que dejes las dichas lagunas a la izquierda, y que al frente de la punta o ‘nariz hay un llano, que es el lugar de pasar la noche. Allí deberás dejar los caballos, porque no pueden ir más adelante. Siguiendo ahora a pie en la misma direc 0 DF