Teoria literaria

Las antiguas narraciones breves castellanas se denominaban fábulas, enxiemplos, apólogos, proverbios, etc. El término cuento aparece en el Renacimiento junto con la palabra novela, diminutivo del latín nova, en italiano nuova y novella, con el significado de breve noticia, oral», y también para los chistes, anécdotas, refranes, etc. En épocas ya posteriores, la palabra novela se reservará definitivamente para las narraciones literarias extensas.

En el Romanticismo, la denominación cuento se emplea para las narraciones, versificadas o en prosa, de carácter popular, legendario o fantásticas, aun cuando para estas últimas también se utilizan los términos leyenda, balada, etc. La situación actual es la siguiente: la narración corta se designa con dos términos diferenciados, cuento popular y cuento literario, y se reserva la denominación ovela corta para la narración intermedia en cuanto a extensión entre cuento literario y novela La diferencia entre el cuento popular y el literario es fácil de establecer.

Frente a la tradición y transmisión oral, la anonimia, el carácter de bien de todos, la universalidad, las variantes, la simplicidad, esquematización y uniformidad del cuento popular, el cuento literario presenta una marcada voluntad de estilo, o sea, una forma literaria cuidada y específica, esa y no otra -Sin ninguna posibilidad de variantes o cambios-, creada por un autor con nombre y apellidos, enmarcado en un «aquf’ y «ahora» concretos, que, ediante esa narración tan breve y en apariencia tan frágil, intenta transmitir lo que, con libre imaginación y consciente de su originalidad, ha querido fabular o ficcionar; es decir, las vivencias, los sentimiento y las ideas, la alegría y el dolor -«los gozos y las sombras»- del complejo mundo que habita. un narrador es alguien que mira el mundo y a los hombres, y carga con toda la memoria d que habita. arga con toda la memoria de ellos, para que nada del hombre se pierda. [… ] una especie de sabueso, que se recorre infierno, tierra y cielo para dar con un rastro de hombre, una historia de hombre, pero quizás s sobre todo alguien que recoge las confidencias de voces y personajes, y las cuenta. Las diferencias entre cuento y novela -el género mayor de la narrativa moderna, el más complejo y el más importante- estriban en que aquel, como se explicará profusamente más adelante, actúa con rapidez, concentración e Intensidad para expresar una instantánea de la realidad; al contrario que la novela que lo hace por acumulación y extensión al implicar la creación de un mundo completo.

Como se verá en un texto posterior, Juan Bosch decía que la novela es extensa, el cuento intenso y Julio Cortázar opinaba que la ovela y el cuento se dejan comparar analógicamente con el cine y la fotografía. En el cine aparecen multitud de escenarios, acciones, personajes, con variedad de planos, como en la novela. En cambio, la fotografía eterniza el instante de unos personajes en un escenario y tiempo únicos; y su belleza radica en la intensidad y en el acierto con que se capte ese Instante. Pero hay que precisar que el cuento, esa instantánea de la realidad, a diferencia de la fotografía, siempre posee transcurso temporal, aunque resulte apenas perceptible.

Y, desde luego, el cuento deberá presentar na marcada densidad significativa y una extremada concentración en su economía de hechos, personajes y palabras que i sa significativa y una y palabras que impidan que el lector «se distraiga». La acción de la novela se complica, al contrario, con mayor número de episodios y personajes, con mayor complejidad psicológica y de planos temporales, además de detalladas descripciones de ambientes, objetos y personas. Una novela -cuanto más si es extensa- admite cualquier planteamiento, cualquier objetivo que se le ocurra al novelista. Tal es su amplitud, su diversidad, su «cosmopolitismo iterario» podríamos decir. Debido a estas razones, en una novela es imposible esa perfección que puede lograrse en un cuento. Por su pequeñez espacio-temporal, este no sólo admite sino que exige precisión, armonía y exactitud.

Lo principal en él es el suceso y adónde nos conduce. Suceso único y hermético, sin ningún intersticio que permita penetrar la menor partícula del mundo real o que no sea del presentado por el cuentista y que, simultáneamente, no permita la menor distracción del lector. Este se halla, de pronto, prisionero en una estrecha celda completamente oscura y tan desmantelada que no uede prestar atención más que a las mágicas palabras que a sus oídos o a su corazón le dicta o le sugiere ese mago invisible que se ha apoderado de él. iY pobre del cuentista que tolere que la más insignificante ventana o mirilla o agujero en la pared distraiga a su prisionero, o que este se fugue de la celda!.

La diferencia principal, pues, entre narración larga y narración corta radica probablemente en que, en el género breve, el lector u oyente larga y narración corta radica probablemente en que, en el género breve, el lector u oyente tiene la posibilidad de controlar on la memoria, de forma total o casi total, los elementos narrativos presentados -un cuento se recuerda entero o no se recuerda-, mientras que eso no puede producirse ni por asomo en el caso de la novela, que puede incluir vastas digresiones, elementos accesorios y redundantes, etc. Pero también se da una diferencia en la modalidad de la recepción: es posible -y diríamos que necesario, según se ha indicado- leer un cuento de una tirada; en cambio, leer una novela normalmente requiere, por su extensión, efectuar pausas.

Ahora bien, la diferencia del cuento y la novela no solamente se encuentra en sus dimensiones y en la liminación de todo lo que se tenga por accesorio, sino también en el carácter de sus argumentos. En este sentido, y en contra de lo que a veces se dice, no es elogioso para un buen cuento afirmar de él que pueda convertirse en una buena novela, simplemente ampliándolo. En este caso, como se ha afirmado, es muy probable que estemos no ante un buen cuento, sino ante una novela frustrada. Sin embargo, sí es verdad que el relato contemporáneo admite elementos procedentes de la literatura fantástica, de la ciencia-ficción, de la novela policial, y puede provocar de una manera tan satisfactoria omo la novela variados sentimientos de admiración, suspense, miedo, angustia, comicidad, etc.

Además los recursos de tratamiento del narrador, de los personajes, del tiempo, los modos de focalización, el uso de técnicas literarias: descri los personajes, del tiempo, los modos de focalización, el uso de técnicas literarias: descripción, diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, collage de textos ajenos, etc. hacen del género breve una materia narrativa tan elaborada como la novela, siempre que se conjugue con la tan insistida brevedad y siempre que -requisito indispensable- exista una historia de tal anera sustentada que el lector pueda captarla y contarla fácilmente en su totalidad sin los vericuetos y complejidades propios de la novela.

Sólo queda, pues, como rasgo diferenciador entre ambos géneros, como venimos repitiendo, la menor extensión del cuento frente a la novela, su esencial unidad de Impresión y, en definitiva, esa intensidad que le otorga la condensación que a veces acerca el relato al poema. Se dice a menudo que el cuento es una novela en síntesis y que la novela requiere más aliento en el que la escribe. En realidad los dos géneros son dos cosas distintas; y s más difícil lograr un buen libro de cuentos que una novela buena. Comparar diez páginas de cuento con las doscientas cincuenta de una novela es una ligereza. Una novela de esa dimensión puede escribirse en dos meses; un libro de cuentos que sea bueno y que tenga doscientas cincuenta páginas, no se logra en tan corto tiempo. La diferencia fundamental entre un género y el otro está en la dirección: la novela es extensa; el cuento es intenso.

El novelista crea caracteres y a menudo sucede que esos caracteres se le rebelan al autor y actúan conforme a sus propias naturalezas, de manera que con frecuencia una ovela no t autor y actúan conforme novela no termina como el novelista lo había planeado, sino como los personajes de la obra lo determinan con sus hechos. En el cuento, la situación es diferente; el cuento tiene que ser obra exclusiva del cuentista. Él es el padre y el dictador de sus Criaturas; no puede dejarlas libres ni tolerarles rebeliones. Para terminar estas reflexiones sobre las relaciones entre cuento y novela, recordemos las irónicas palabras de William Faulkner: Todo novelista quiere escribir poesía, descubre que no puede y a continuación intenta el cuento, y al volver a fracasar, y sólo ntonces, se pone a escribir novelas.

Existen otras narraciones que sin llegar a ser novelas tampoco son cuentos debido a su mayor extensión, a la inclusión de más detalles, más descripciones, más incidentes que diluyen un tanto la unidad e intensidad, la reducción y concentración, al no centrarse tan absorbentemente en un único momento. Y, sin embargo, si se trata de relatos que desarrollan una historia muy definida, desarrollada mediante un único hilo narrativo, de estructura nada compleja, centrada en muy pocos personajes y, generalmente, en un espacio y tiempo reducidos. Este tipo de narración actúa ntensiva y no extensivamente, no se dispersa y mantiene tal unidad de efecto e impresión que golpea la sensibilidad del lector con la fuerza de una sola vibración emocional, aunque más prolongada que en el cuento.

Este género narrativo se denomina nouvelle en francés; en inglés, long short story y, entre nosotros, recibe 7 sa narrativo se denomina recibe la denominación de novela corta. El profesor Baquero Goyanes afirma que es lástima que para este tipo de narración no haya prevalecido el nombre de cuento largo al estar este género más vinculado al cuento que a la novela extensa. El cuento argo es un relato cuyo tema, cuyo desarrollo, ha exigido más páginas que las normales de un cuento. Cuando se trata de un tema tan sugerente como el de las relaciones entre cuento y poesía lírica, nunca se pretende mezclar dos géneros literarios bien distintos o pensar que el cuento sea un tipo especial de lírica.

Lo que se intenta es mostrar cómo el cuento literario se acerca al campo de la creación poética por su propia génesis, por el tono y, especialmente, por los efectos que su lectura puede provocar en el lector. La concentración e intensidad, la tensión y unidad de efecto de las que trataremos profusamente más delante y a las que habría que añadir la iluminación o el deslumbramiento, son características propias del buen relato moderno que lo relacionan, como tantas veces se ha afirmado, con el poema lírico. Si en el buen poema se encuentra el grado límite de la expresión lirica, en el buen cuento se halla el de la expresión narrativa, incluso se ha llegado a definir el cuento como la lírica de la prosa.

Tanto uno como otro exigen al autor una cuidadosa elección de cada palabra, una purificación llevada al límite, y los dos se concibe súbitamente, como un intenso fogonazo, ya que gracias a su revedad pueden provocar, como concibe brevedad pueden provocar, como también decía Poe, una exaltación del alma imposible de sostenerse por mucho tiempo, porque los momentos de alta excitación son necesariamente fugaces. Las emociones y sentimientos que un cuento despierta algunas veces en el lector pueden ser muy parecidos a los de la lectura de ciertos poemas; en palabras de Baquero Coyanes: un efecto entre deslumbrador y quemante. O, más explícitamente y según Raúl H. Castagnino: Un cuento equivale a un poema. Se constituye por un acto de creación semejante, fundado en la palabra, en el arte verbal. Requiere también una motivación, profunda intención poética, tensión unitaria. Reclama, en el acto creador, la misma inmediatez del poema, intensidad y concentración.

Extenderlo es diluirlo, es denunciar su andamiaje. Es transferirlo a otra especie: novela corta o novela. Como observó Baquero Coyanes, antes del Siglo XIX el cuento se manejaba sin plena consciencia de su importancia como género literario con personalidad propia. Era un género menor del que no se sospechaban las posibilidades de belleza y emoción que podía contener su brevedad. Hubo buenos cuentistas, individualmente considerados, con sello personal, ero fueron muy pocos, casos aislados que sorprendían como fugaces destellos. Lo que no había, desde luego, era una tradición cuentística, cuajada, en ebullición permanente, como la que comienza a existir en el siglo XIX.

En palabras de Germán Bleiberg: Es a partir de las postrimerías del Romanticismo cuando el cuento se dest Germán Bleiberg: se destaca como individualidad literaria perfectamente encuadrada, dibujando, con pinceladas externas, ambientes, caracteres, episodios menos extensos en peripecias que intensos en emoción penetrante y aguda. Es, pues, en ese momento cuando el cuento se convirtió en arración literaria autónoma, con carácter propio y de extensión breve. Lo cual no deja de ser curioso, pues siendo el más antiguo género narrativo fue el que, de manera definitiva, tomó forma literaria más tardíamente, como señalaba Juan Valera: Habiendo sido todo cuento al empezar las literaturas, y empezando el ingenio por componer cuentos, bien puede afirmarse que el cuento fue el último género literario que vino a escribirse.